Convivir con los sonidos
- telescoagustina

- 27 may
- 2 min de lectura
A veces sentimos que para estudiar o concentrarnos todo debería estar en silencio. Pero la vida cotidiana no funciona así. Siempre hay sonidos: personas hablando, puertas, autos, perros, música, movimientos de la casa… y muchas veces, cuanto más nos enojamos con esos ruidos, más presentes se vuelven.
Este ejercicio es para practicar algo diferente: aprender a convivir con los sonidos sin pelearte con ellos.
Busca una posición cómoda. Puedes cerrar los ojos o simplemente mirar un punto fijo.
Primero lleva tu atención a la respiración. No hace falta cambiarla. Solo notar que estás aquí.
Ahora escucha los sonidos que aparecen a tu alrededor.
En lugar de pensar “qué molesto” o “no puedo concentrarme”, intenta observarlos simplemente como sonidos que van y vienen.
Quizás escuches voces, pasos, una puerta, un auto o algún ruido de la casa.
Imagina por un momento un bosque.
En un bosque nunca hay silencio absoluto. Siempre hay hojas moviéndose, pájaros, viento, ramas, agua, insectos. Y aun así, el bosque sigue siendo un lugar tranquilo.
Los sonidos no arruinan el bosque. Son parte de él.
De la misma manera, los sonidos de tu entorno no tienen que impedirte estar presente o concentrarte. Pueden estar ahí… mientras tú vuelves, una y otra vez, a lo que quieres hacer.
Imagina que tu atención es como una linterna. Los sonidos aparecen alrededor, pero tú puedes volver suavemente a iluminar tu lectura, tu respiración o la tarea que estés haciendo.
Y cada vez que te distraigas, recuerda esto:
Volver también es practicar concentración.
Puedes repetirte internamente:
“No necesito silencio perfecto para concentrarme.”
“Puedo convivir con los sonidos y volver a mí.”
“Como en el bosque, los sonidos son parte del paisaje.”
Quédate unos minutos practicando esto con amabilidad y sin exigirte hacerlo perfecto.
Con amor, Agus.



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